sábado, 15 de enero de 2011

LA TUMBA VACIA

En noviembre del 2008, con el auspicio del Banco Central fue publicada la novela cuyo título encabeza este artículo, la cual es de la autoría del doctor Arnaldo Espaillat Cabral.
Desconocía esta obra hasta que en días recientes vino a ser tema de conversación de mis buenos amigos Bill Wall y Alberto Campagña. La encomiástica opinión de mis dos contertulios sobre dicha obra, obviamente despertó mi interés por conocerla y Alberto satisfizo mi deseo facilitándome el ejemplar que conserva de dicha novela.

Aunque se trata de un libro de casi setecientas páginas me entregué a su lectura sin la aprehensión que por lo regular me causan las obras voluminosas, como lo es la que comentamos, no solo por la lucidez para enjuiciamientos literarios de quienes me la recomendaron, sino, además, porque la prosa atildada y cautivante del autor me atrajo desde el comienzo de la lectura, atracción que no decayó en ningún trazo de los treinta y tres capítulos que componen esa exquisita novela épica dominicana.

“La tumba vacía” pertenece al género de historia novelada cuya trama se desarrolla, en su primera parte, en el marco de la Guerra de Restauración y el autor recrea con su sólido conocimiento histórico y la ágil creación literaria del novelista, aquel escenario que protagonizan hombres de gran arrojo con sus actos de epopeya y valor extremo en ambos lados

“La tumba Vacía” a mi entender es una gran novela. Al concluir su lectura se me ocurrió pensar, si acaso no había estado leyendo la gran novela que los dominicanos hemos estado esperando por largo tiempo. El manejo diestro de los personajes envueltos en la tragedia de la guerra que cambió sus vidas de forma dramática, hacen que el lector se sienta en todo momento de la lectura de esta cautivante obra envuelto en el desarrollo de la trama; en sus intrigas, sus rasgos de grandeza y de debilidad moral en aquellos hombres a quienes la gloria le cayó encima por su entrega ciega y extrema a la reinstalación de la soberanía nacional.

La segunda parte de la obra, desarrollada durante el ejercicio gubernativo de Meriño, veinte años después de terminar la guerra restauradora, tampoco tiene desperdicios y es en esta parte donde el autor despliega sus grandes recursos de novelista, imprimiéndole además, un suspenso admirable hasta el final.

En ese período Heureaux, desde el ministerio de Interior y Policía despliega su gran inteligencia intuitiva y su inescrupulosidad sin límites para urdir las intrigas que le llevarán más adelante a hacerse el amo del poder y el mitrado y gobernante aparece como juguete de aquella trama el gran soldado restaurador.

La novela del doctor Espaillat Cabral es una apasionante obra histórico-literaria dominicana, merecedora de la mayor difusión por lo que aporta particularmente de la etapa que recrea, y por las reflexiones que puede inspirar al lector sobre nuestra azarosa historia.



Buena Lectura.com.
Noviembre 22, 2010

En noviembre del 2008, con el auspicio del Banco Central fue publicada la novela cuyo título encabeza este artículo, la cual es de la autoría del doctor Arnaldo Espaillat Cabral.
Desconocía esta obra hasta que en días recientes vino a ser tema de conversación de mis buenos amigos Bill Wall y Alberto Campagña. La encomiástica opinión de mis dos contertulios sobre dicha obra, obviamente despertó mi interés por conocerla y Alberto satisfizo mi deseo facilitándome el ejemplar que conserva de dicha novela.

Aunque se trata de un libro de casi setecientas páginas me entregué a su lectura sin la aprehensión que por lo regular me causan las obras voluminosas, como lo es la que comentamos, no solo por la lucidez para enjuiciamientos literarios de quienes me la recomendaron, sino, además, porque la prosa atildada y cautivante del autor me atrajo desde el comienzo de la lectura, atracción que no decayó en ningún trazo de los treinta y tres capítulos que componen esa exquisita novela épica dominicana.

“La tumba vacía” pertenece al género de historia novelada cuya trama se desarrolla, en su primera parte, en el marco de la Guerra de Restauración y el autor recrea con su sólido conocimiento histórico y la ágil creación literaria del novelista, aquel escenario que protagonizan hombres de gran arrojo con sus actos de epopeya y valor extremo en ambos lados

“La tumba Vacía” a mi entender es una gran novela. Al concluir su lectura se me ocurrió pensar, si acaso no había estado leyendo la gran novela que los dominicanos hemos estado esperando por largo tiempo. El manejo diestro de los personajes envueltos en la tragedia de la guerra que cambió sus vidas de forma dramática, hacen que el lector se sienta en todo momento de la lectura de esta cautivante obra envuelto en el desarrollo de la trama; en sus intrigas, sus rasgos de grandeza y de debilidad moral en aquellos hombres a quienes la gloria le cayó encima por su entrega ciega y extrema a la reinstalación de la soberanía nacional.

La segunda parte de la obra, desarrollada durante el ejercicio gubernativo de Meriño, veinte años después de terminar la guerra restauradora, tampoco tiene desperdicios y es en esta parte donde el autor despliega sus grandes recursos de novelista, imprimiéndole además, un suspenso admirable hasta el final.

En ese período Heureaux, desde el ministerio de Interior y Policía despliega su gran inteligencia intuitiva y su inescrupulosidad sin límites para urdir las intrigas que le llevarán más adelante a hacerse el amo del poder y el mitrado y gobernante aparece como juguete de aquella trama el gran soldado restaurador.

La novela del doctor Espaillat Cabral es una apasionante obra histórico-literaria dominicana, merecedora de la mayor difusión por lo que aporta particularmente de la etapa que recrea, y por las reflexiones que puede inspirar al lector sobre nuestra azarosa historia.



Buena Lectura.com.
Noviembre 22, 2010

MEMORIAS DE UNA DAMA

El Joven y laureado escritor peruano, Santiago Roncagliolo, ha publicado bajo el sello de Alfaguara una obra que lleva por título el que encabeza este artículo. Es un trabajo literario exquisito, lleno de gracia y tintes jocosos, en donde describe, bajo la libertad a la imaginación que concede al escritor la historia fabulada, la vida de una mujer que perteneció a una de las familias de mayor rango en la élite dominicana.

Estas “memorias” están desbordante de buen gusto narrativo en donde, hasta las breves procacidades que pone el autor en algunos de los protagonistas, no carecen de humor y elegancia literaria y en un colorido despliegue de donaire envuelve al lector en la vida trágica de esa dama, inmensamente pobre, porque sólo tuvo la descomunal riqueza del dinero de su padre y vivió toda su vida en un gran vacío existencial.

Roncagliolo describe las tensas relaciones del padre de la distinguida dama con Trujillo al comienzo del régimen, cuando fue despojado de las representaciones de las marcas de automotores que tenía. También recuerda la participación de aquel empresario en una conspiración para derrocar al incipiente dictador, debido a lo cual tuvo que salir de este país para establecerse en Cuba, donde desarrolla un imperio económico, no sólo por sus dotes de hombre de negocios, sino además, porque llegó a vincularse con otros hombres de visión y emprendedores, al igual que él lo era.

Allí se asoció a Meyer Lansky, Lucky Luciano, Frank Genovese, Tony Trafficante… legendarios gansters que hicieron de La Habana un gran centro de recreación turística para los norteamericanos y dieron impulso en gran escala al tráfico de drogas hacia los Estados Unidos.

La Cuba de los años de la guerra mundial y la post guerra, la asociación de su padre con los servicios de inteligencia norteamericanos y con los de su propio país, Italia; la maffia, el reclutamiento por la CIA del hermano de la dama biografiada, todo eso lo trata el libro con una dinámica y atrayente prosa que da a la obra interés y un gracioso suspenso por las situaciones, a veces patéticas e hilarantes que mezcla Roncagliolo en su atractiva narración.

En el fondo de la obra, la trágica vida de la distinguida dama hasta que muere de cáncer en París, donde fijó residencia definitiva. Vivió su vida carente del amor de su padre; la fría indiferencia que siempre mantuvo su hermano hacia ella, los esposos parasitarios que tuvo, quienes no ocultaron que sólo les interesaba la buena vida que ella les proporcionaba. Y por último, el despojo de su herencia por parte de su hermano aliado con su propio hijo.

Da pesar que los dominicanos no puedan acceder en nuestras librerías a obtener esta obra, pues “no está disponible para comercializarla en la República Dominicana”, por tanto, es de lamentar que esta historia fabulada, ejemplo de elegancia narrativa, no haya podido cumplir con el fin que le dio origen: “para que llegase a la República Dominicana y Cuba y la leyesen sus personajes y sus apellidos se ruboricen al menos un poquito de ver lo que se habían hecho a si mismos”.

3 de octubre, 2009

TRUJILLO, MANARCA SIN CORONA

Euclides Gutiérrez Félix es un comunicador nato. Los estudiantes que tuvieron la oportunidad de recibir sus enseñanzas, tanto en la escuela como en la Universidad, de seguro disfrutaron su expresividad y el manejo vigoroso y convincente de sus exposiciones. Sus escritos en la prensa también han sido otra forma de mostrar sus condiciones para hacerse entender de forma fácil y atrayente y, en esa modalidad de expresión, igualmente ha sobresalido su vocación para la didáctica y la orientación.

Este reconocido hombre público; a veces controversial y agudo polemista, por la franqueza con que expresa sus ideas, ha publicado en estos días un voluminoso libro al cual le ha puesto por título “Trujillo, monarca sin corona”, tal como llamara a nuestro dictador por antonomasia un destacado hombre de letras colombiano hace años.

La facilidad para escribir y decir las cosas que destaca al autor de este obra; la amenidad con que engalana su palabra escrita crea nuevos atractivos a hechos históricos que ya han sido profusamente divulgados sobre ese personaje fascinante que fue Trujillo y lo sigue siendo, quien, además, es una de las tantas principalías que ostentamos, porque representa con mayor dimensión que los demás caudillos latinoamericanos, ese producto propio de nuestra América que, al decir de Uslar Pietri, es el único producto “verdaderamente autóctono que creamos y surge de nuestras guerras de independencia”.

“Trujillo, monarca sin corona” es un libro atractivo porque el autor vierte en el sus claras dotes como expositor y con esa cualidad suya despierta un renovado interés por la Era de Trujillo. Este nuevo aporte de Euclídes Gutiérrez a la historiografía nacional cumple sobradamente el interés del intelectual y catedrático universitario honrosas actividades a las que ha dedicado la mayor parte de su vida; además de su quehacer político. Su libro es una exposición exhaustiva, metódica y cautivante de todo lo relevante de Trujillo y su gobierno, con el complemento de nuevos aportes que profundizan y dan carácter de novedad al tratamiento de muchos de los más importantes hechos del periodo gubernativo trujillista.

Enriquece la obra, además, detalles no publicados antes, lo mismo que minuciosidades que revelan la intrahistoria y dan un sesgo a veces curioso que permite auscultar mas los personajes y su accionar en el escenario que representaban en aquel ambiente de sumisión, grandeza y abyección.

Las reflexiones que hace Gutiérrez Félix acerca de los acontecimientos que narra tienen la lucidez que le conceden sus conocimientos históricos y del estudio que ha llevado por años sobre el tema que trata, la cual consideramos una gran obra nacional. Un ensayo abarcador que debe servir de nueva y fecunda fuente para una mayor y mejor comprensión de la Era de Trujillo, por los interesados en buscar o ampliar conocimientos de la obra de Rafael Leonidas Trujillo Molina y su ejercicio de gobierno.

Quiero referirme, de soslayo, al carácter de criminalidad personal que el autor le atribuye al gran protagonista de aquel dramático lapso de nuestra historia en toda la extensión de su importante texto. Sin embargo, el propio Gutiérrez Felix señala que Trujillo llegó representando los mas influyentes sectores sociales y económicos nacionales para crear una nueva sociedad.
El representó en su momento las aspiraciones de esos grupos para un rompimiento definitivo con el pasado levantisco que impedía el ordenamiento social y castraba ele orden necesario para el progreso. Por tanto, las acciones punitivas del régimen estaban orientadas, no ha satisfacer un instinto personal suyo, sino encaminadas hacia el establecimiento de condiciones que alcanzaran la pacificación y desarrollo deseado, por medio de la aplicación del terror, como tantas lecciones similares hemos encontrado en el desarrollo de los pueblos.

Los valores morales del historiador no deben sobreponerse al punto de reflexión que debe hacerse en cuanto a la “criminalidad” de Trujillo, sino preguntarse y analizar hasta donde fue necesario el sacrificio y el sufrimiento que aplicó al pueblo en la búsqueda de los fines que persiguió.

Lo que sí es trágicamente cierto es que debemos entender que: “la historia es la mas cruel de todas las diosas y conduce su carro triunfante por sobre montones de cadáveres, no solo en tiempos de guerra sino también en tiempos de desarrollo pacífico” (…)



13 de abril 2008

EL HOMENAJE DEL HOTEL MATUM

La noche del 6 de agosto de l955, se celebró un acto hermoso y de noble reconocimiento cívico: “Los abogados de la Confederación de Colegios Profesionales Universitarios provinciales y otras instituciones sociales e intelectuales de Santiago, ofrecieron un banquete al licenciado Federico C. Álvarez, en el hotel Matúm con motivo de cumplir cuarenta años como abofado este respetable ciudadano.

El acto constituyó un encuentro de los más distinguidos miembros de la sociedad santiaguense para honrar uno de sus munícipes más prominentes, evento cual también acudieron reconocidos abogados y personalidades de distintos lugares el país, así como altos funcionarios de la Nación.

En la mesa principal del acto, un gran adorno floral ocupaba el centro de dicha mesa y de entre las flores emergía una foto del generalísimo Trujillo. El licenciado Agustín Acevedo, inició con un breve discurso introductorio del acto en un salón abarrotado de personalidades. Eduardo Sánchez Cabral, pronunció el discurso de elogio y dedicación al homenajeado describiendo la trayectoria profesional del licenciado Álvarez, adornada con dentro de un marco histórico. No pasó inadvertido al término del evento, que Trujillo y su obra no fueron mencionados en ningún momento durante el homenaje. Sobre. Esa inadvertencia, diría mas adelante Sánchez Cabral, que “allí se estaba festejando a un compañero y no exaltando la obra de un gobernante”.

A partir de esa misma noche, la imperdonable omisión pasó a ser lo mas comentado del ágape y tan grave olvido fue creciendo, porque, precisamente había ocurrido en momentos en que el país se encontraba comprometido con los grandes fastos programados con la celebración de los 25 años del inicio de la Era de Trujillo, por lo que tal lapsus resultaba un sospechoso contrasentido.

Joaquín Balaguer, quien para el momento ocupaba la Secretaría de Estado de Educación, previendo la tormenta política que estaba a punto de desatarse, tal vez apoyado en su prestigio creciente ante el Generalísimo, en lo que podría entenderse como un cuidadoso intento por atenuar la reacción oficial que se sentía llegar parta los participantes en aquel homenaje, produjo un artículo titulado “Trujillo sí fue mencionado en Santiago”.

En esa defensa implícita de los asistentes al homenaje, este brillante intelectual, recurriendo a su admirable uso del lenguaje metafórico, con un brillante contraste señaló la presencia simbólica de Trujillo en aquella desdichada celebración: “Cuando se habló allí del decoro profesional, se mencionó implícitamente a Trujillo, que es quien, en 25 años de formidable acción constructiva (…) ¿se ha querido enaltecer a un abogado? Pues nadie tiene en ese campo méritos tan excelsos como los de Trujillo que solo ha defendido la causa del país (…)

El castigo por la deslealtad de aquella noche llegó rápido. Comenzó con la Nota del Día del periódico La Nación, del día 14: “El elocuente silencio de los histriones –elocuente porque descubre la hondura de sus bajas pasiones- la falsa de los señores Álvarez y Sánchez Cabral no pudo ser más vil y atrabiliaria (…) Al día siguiente, ambos fueron cancelados como catedráticos numerarios de la Universidad de Santo Domingo y el Senado de la República aceptó una moción reprobando su actitud “al silenciar y pretender desconocer, maliciosamente, la patriótica y extraordinaria obra que ha realizado en la República el Generalísimo Trujillo”. La Academia de Ciencias Morales y Políticas los expulsó de su membresía por sus “indecorosas actuaciones”.

El Partido Dominicano constituyó un Tribunal de Honor “para conocer el caso suscitado la noche del 6 del corriente mes de agosto en el Hotel Matúm, en el cual incurrieron en graves inconsecuencia políticas los licenciados Federico C. Álvarez y Eduardo Sánchez Cabral y los miembros del Partido Dominicano que asumieron injustificada actitud de silencio” Los debates que fueron llevados a cabo en el Tribunal de Honor se concentraron más en la exaltación histórica que hizo Sánchez Cabral de Francisco J. Peynado a quien citó como “Prócer de la Tercera República”.

En sus declaraciones, Federico C. Álvarez contradijo a Sánchez Cabral cuando afirmó: “yo no creo que él creó la Tercera República. Yo creo que él fue un hombre de bufete, un abogado nada más y cuando se le buscó como líder el pueblo dominicano yo voté por el partido contrario porque consideré que no tenía aptitudes para dirigir los destinos del país” (…)


Prominentes figuras pidieron a la Academia de la Historia que dilucidara el papel del licenciado Peynado en las negociaciones que culminaron en 1924, en un gobierno provisional de la República, y una encuesta concluyó que la Tercera República no nació el 12 de julio, aunque reconoció el papel preponderante de Peynado en las negociaciones que dieron por resultado el Plan de Evacuación.

Para Trujillo, a quien apenas tres meses atrás le había sido otorgado el título de “Padre de la Patria Nueva”, y el día l6 de agosto, mientras se encontraba efervescente el homenaje del Matúm, recibió en una solemne ceremonia en el Altar de la Patria, el Gran Collar de la Patria, debió resultarle inaceptable que en aquel homenaje a Federico Álvarez, se omitiese su nombre y en cambio, se resaltara la figura del licenciado Francisco J. Peynado con carácter de proceridad, aun cuando el mismo Trujillo, durante los actos de su sepelio lo había hecho antes: “en rasgo que lo magnifica fue el primero en atribuir, en elocuentísimo discurso la investidura de Prócer”, tal como lo expuso Sánchez Cabral al dirigirle una carta, quejándose de su expulsión, como afiliado del Partido Dominicano y como abogado.

En cuanto al licenciado Álvarez, luego de dilucidado quien fue el verdadero creador de la Tercera República, según los resultados de la encuesta, le fue concedida la condecoración de la Orden del Mérito Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Caballero, considerando que ha ejercido “con acrisolada honradez y competencia la profesión de abogado amparado en la garantía que ofrece la justicia dominicana en esa Era de engrandecimiento general.


14 de febrero de 2005

viernes, 14 de enero de 2011

DE BURDELES Y SOCIEDAD

La elección de los presidentes Jorge Blanco y Leonel Fernández, en sus respectivos momentos constituyeron para el pueblo un verdadero frenesí, como lo ha sido esta vez Hipólito Mejía. Sus triunfos han sido glorificados desde antes del inicio de sus ejecutorias “como un suceso sagrado, capaz de cambiar para siempre nuestras vidas”. La gente se ha sentido arropada por el desbordamiento de optimismo de esos mandatarios que en sus oportunidades, han dado muestras, ofreciendo sin tasa ni medida las soluciones a las miserias sociales y económicas que han abatido a la República, desde sus albores.

Las obsequiosidades de muchos de nuestros comunicadores sociales han contribuido antes y ahora también a esos éxtasis, lo mismo que la mayoría de los medios de información, por lo regular faltos de espíritu crítico en el buen sentido. En el último ejemplo en que estamos envueltos, el dinámico programa de visitas y recorridos por distintos pueblos en reafirmación de ofrecimientos a troche y moche que ha emprendido el presidente electo Mejía, en una acción inusitada para quien ahora vemos como un nuevo Mesías, ha predispuesto el espíritu colectivo para creer que va a entrar por fin al “paraíso soñado”, como tantas veces se le ha prometido para, al final de cuentas, tener que conformarse con seguir escuchando la hermosa voz de Rafael Colón, entonando la inolvidable canción que lleva el nombre de ese paraíso que también ahora nos ofrecen.

Ante tan altas expectativas, como las que se están viviendo en este período de transición, queremos sustraernos a la tentación de aventurarnos en ese tema, para escribir no de presidentes, ni solemnes promesas de bienestar ni de grandeza ni esperanzas, ni de espejismos, sino de algo prosaico tal vez, como podrían ser los prostíbulos de la avenida Duarte, que los comerciantes de allí, en un gesto de extravagancia, junto al fiscal del Distrito, quieren desalojar, según una crónica que publica este diario, felizmente pendiente a todo, en su edición de hace dos sábados.

En estos momentos en que un concierto de clarines una vez más anuncia a todo pulmón el instante estelar en que entrará la república con el nuevo gobierno, queremos ocuparnos de cosas vulgares y socialmente marginadas, como los prostíbulos de la Duarte, porque esos lugares y la corte milagrosa que allí reina, también deben tener quien les reconozca, como lo hicieron Baudelaire, Toulouse-Lautrec, Dickens, entre otros nombres universalmente ilustres, que entendían que todos tenemos derecho en la Viña del Señor.

Las prostitutas y los burdeles son más distintivos de esa vía que los negocios que allí se encuentran. Cuando éstos ni siquiera soñaban establecerse en ese lugar, ya la avenida de los bancos, fresca entonces, con sus frondosos árboles de caoba y roble, acogía la sensualidad de que hacían gala por las noches mientras las velloneras de los cafetines de chinos derramaban cascadas de melodías pegajosas sobre las putas y sus acompañantes que vaciaban un pote en una mesa. O en un banco del centro de la avenida, con la complicidad de la semioscuridad que proporcionaba el tupido follaje donde las parejas bebían su romo en este ambiente nocturno bajo un cielo estrellado, a veces interrumpidas por el pregón de un inoportuno manisero que ofrecía el grano saladito y caliente, con un saleroso e insinuante pregón: “¡maní caliente; pero caliente de verdad”!

Los burdeles de la Duarte, son santuarios que deben ser preservados, no solo por derecho de primogenitura, sino también, porque su función social es más humana, más sincera y hermosa que el frío afán de lucro que sirve de estrella del norte a los comerciantes, quienes con sus cajas fuertes en lugar de corazones, ahora quieren desalojarlos. Esos burdeles, como otros tantos de aquel entorno, cumplen una función de complacencia de los sentidos, que además de proporcionar esa satisfacción a sus parroquianos, los distraen de lo dura que se les ha puesto la vida; de los engaños de los políticos y el opio de las elecciones.

Además, hay otra clase de burdeles como son los partidos políticos, que cubren el país con efectos deletéreos, que se han extendido por toda la sociedad impregnándola de una contaminación que es causa de más grandes estragos morales. Todos los conocemos, pero callamos, cuando no los reverenciamos. Las autoridades judiciales deberían tener –es nuestra suposición- cosas más graves y elevadas que sirvan de ejemplo a la salud social, que ocuparse de esos lupanares y sus borrachos que han identificado la avenida Duarte y su entorno con su folclorismo puteril, como ocurre en todas las grandes ciudades del mundo.

En “La Habana para un Infante Difunto”, esa excelente radiografía de La Habana pre castrista que escribió hace algún tiempo la mordaz pluma de Guillermo Cabrera Infante, hay un pasaje en el cual el jefe de la policía reprende a una patrulla que detuvo a un grupo de homosexuales en el curso de una batida en busca de terroristas. El jefe policial les gritó, más o menos, lo siguiente: Dejen esa gente tranquilas; no se metan con las putas ni los maricones. Nuestro problema son los subversivos. ¡No sean pendejos!

¿Por qué nosotros, con tantos y graves problemas; tantos expedientes judiciales por gravísimos delitos públicos que se encuentran durmiendo el sueño de los justos, pensamos en los lenocinios de la avenida Duarte. Eso es para reírse, llorar, o tal vez para otra cosa. ¡No seas pendejo, Magino!

13 de junio del año 2000

Somos el país de las principalías; no sólo de las coloniales: pr ¿Y NOS

El viejo concepto de nacionalismo se ha ido desvaneciendo ante el empuje de un mundo que dejó de ser “ancho y ajeno”. La americanización del planeta avanza inexorable. Las juventudes persiguen el sueño americano, y los rasgos distintivos de la nueva cultura se imponen tanto, en las ciudades europeas como en remotas comarcas grandemente diferenciadas en sus niveles de desarrollo.,

La idea más acariciada es el poder vivir y educarse en los Estados Unidos, aun para aquellos ciudadanos de países que han sufrido devastadoras e injustas agresiones de parte de ese poderoso imperio moderno, como lo fue el caso del pueblo de Viet-Nam, según lo destacó un reciente reportaje que publicó el periódico HOY, con motivo de cumplirse veinticinco años de la terminación del conflicto bélico que asoló aquel pobre país asiático agredido por los Estados Unidos.

Hace pocos años un escritor sacudió conciencias académicas y claustros universitarios cuando escribió acerca del fin de la historia y las ideologías. Parece que el mundo ha comenzado en este nuevo siglo a vivir sin ataduras con un pasado histórico. Una nueva concepción de vida en sociedad ha comenzado a tomar formas definidas para moldear la humanidad en una desculturización colectiva que ya se observa en variadas manifestaciones, tales como el vestir informal, los espectáculos masivos de diversión, las comunicaciones y el uso de los mismos productos y alimentos manufacturados como vanguardia avasallante de esa globalización en cuyo umbral se encuentra ahora la humanidad.

Las prédicas nacionalistas suenan vetustas; como recuerdos románticos. Las juventudes no se interesan por su pasado, ni sus rectores por alimentarles sus conciencias históricas. Eso más bien les causa indiferencia. Están nada más atentas al presente. A lograr el único éxito que puede ser posible hoy día: hacer dinero en cualquier forma para poder enfrentar el más grande reto que les ofrece la supervivencia en una lucha despiadada por abrirse camino en una sociedad globalizada altamente competitiva y devoradora.

La idea de nacionalidad se vuelve cada vez más tenue y vaporosa y por tanto se percibe menos ese sentimiento. Los grupos nacionalistas han ido desapareciendo de los escenarios políticos y sociales de los últimos treinta años. Cada vez son más exiguos; están más aislados y tenidos a menos en sus respectivas sociedades, que los aceptan como anticuados representantes de un curioso anacronismo histórico.

Lo actual, lo moderno, lo previsto es un mundo sin fronteras físicas ni ideológicas para poder lograr la mayor libertad de pensamiento, de comunicación y comercio. Hacia eso apunta el siglo y cualquier argumento que roce esta nueva visión no es aceptable debido a la interdependencia que han impuesto las naciones rectoras del mundo, que no permiten desviaciones en el nuevo orden universal en cuyos albores se encuentran los pueblos y que a paso de gigante se impone y avasalla aquellos países de menos significancia y raíces más débiles que los hacen más fáciles y rápidos a la disolución de sus características propias, para convertirse en conglomerados híbridos sin ideología ni historia.

Mario Vargas Llosa, ha sido un ardoroso opositor a las barreras nacionalistas, por entenderlas, como otros intelectuales de fuste, una forma de limitación de la libertad e instrumento ideológico para la castración del desarrollo cultural del individuo. Este exquisito narrador representa ese pensamiento que no siente ataduras nacionalistas ni otra vinculación que pueda limitar al ser humano en la búsqueda de su realización individual.

Con la erudita prosa que da vida a sus ideas en la mayoría de sus ejercicios de literatura, este laureado narrador publicó recientemente en el periódico “Listín Diario”, un ensayo que tituló “Las Culturas y la Globalización”, en el cual despliega ante el lector todo el proceso de cambio que ha venido enfrentando el mundo, llevándolo a una universalidad compartida.

El derrumbe del valladar nacionalista como ideología aisladora y la desaparición de las fronteras físicas se ha convertido en un reto para las nuevas juventudes –según el afamado escritor- porque en la nueva cosmovisión que presenta ese camino podrán hacer suyas otras culturas y acceder sin otros obstáculos que sus particulares limitaciones a otros conocimientos y saberes que las enriquezcan y así mismo les ofrezcan mayores oportunidades de superación, de realizaciones y de bienestar.

Cita Vargas Llosa en su reflexivo trabajo, entre otros ejemplos de posibilidades y logros que presenta la nueva sociedad global, el caso de los hispanos que hasta hace pocas décadas era una comunidad más bien semi aislada y hoy, en cambio, su participación en el quehacer mundial es tomada en cuenta y en los Estados Unidos –donde era marginada- ha adquirido tanta importancia que los candidatos presidenciales actuales han incluido en sus campañas electorales el uso del español.

En esta nueva relación interdependiente entre las naciones y pueblos no resultaría muy fantástico pensar que nuestro conglomerado en pocas décadas, estará mas abigarrado y su negritud más densa, por los fuertes y amplios núcleos que hablarán el patois con sus sonoras inflexiones, junto a otros que seguirán expresándose en un español más degradado todavía, todo en una mezcla inarmónica como sus propios hablantes, que afanarán en toda la isla sin barreras.


11 de mayo 2000

ESPIONAJE, POLÍTICA Y SOCIEDAD

Somos el país de las principalías; no sólo de las coloniales: primer hospital, primera catedral, primera misa, etc., También tenemos una muy moderna como lo el espionaje telefónico que ha crecido en grande a pesar de nuestra pequeñez como país. Resultaría difícil encontrar otro lugar donde ese quehacer se ejerza de manera casi pública y con la impunidad que aquí se practica.

Desde hace años no resulta secreto que algunas personas han convertido en próspero negocio hurgar a través de las intervenciones telefónicas en la privacidad de personajes que tienen proyección pública y poder económico o político. Tan rentable ha resultado esa actividad que ha llegado en los últimos años a convertirse en un servicio de fuerte competencia entre los mercaderes de la denuncia y el chantaje que se reparten el lucrativo negocio en que ha devenido el espionaje telefónico.

Los interventores de teléfonos y la grabación han encontrado un campo fértil debido, en gran parte, a la podredumbre en que se debaten núcleos de sectores dominantes de esta sociedad, como lo son banqueros, empresarios., hombres de negocios y la cúspide de los partidos políticos. Allí, en ese promiscuo y furioso amasijo de intereses grupales ha estado el caldo de cultivo donde los emprendedores señores del espionaje y el tráfico de información confidencial han desarrollado de forma exitosa su actividad, bien respaldada por las autoridades de turno, porque éstas también logran informaciones útiles para sus funciones por aquello de que el gobernante debe estar bien informado, entendido de la forma más baja.

Unos y otros en esos altos niveles han acudido a tales promotores de intimidades para comprar y conocer pestilencias de sus rivales y las debilidades humanas o comportamientos pocos honorables en sus respectivos mundos privados para utilizarlas a su conveniencia. En el vórtice de la pirámide social dominicana, aquejada desde siempre por “la profunda corrupción de la conciencia colectiva”, han estado los gobiernos nacionales, que en sus respectivos ejercicios se han igualado en sus prácticas gubernativas flagrantemente frustrantes para el adecentamiento y el inicio de un verdadero Estado de Derecho.

También ellos han compartido responsabilidad entre sí por la tolerancia y lenidad que han exhibido ante esa excrecencia como es el espionaje, la fisgonería particular, en coexistencia con la oficial, sin que hayan existido las mínimas condiciones políticas y sociales, tanto domésticas como internacionales que podrían justificar el indecente e indecoroso negocio de escuchar y grabar conversaciones privadas.

El éxito del espionaje telefónico entre nosotros, ha descansado claramente en el comportamiento indulgente que le han dispensado todos los gobiernos que hemos tenido en el curso de los últimos treinta y pico de años, a quienes se han dedicado a esa obscena tarea, por encima del mandato constitucional que señala de forma inequívoca su prohibición y violentando las razones éticas que deben mostrar los gobiernos. Sobre esas cuestiones de principios éticos, ha prevalecido la vocación nacional que llevamos tan latente para atender el chisme, la alcahuetería, la denuncia y la delación, lo que nos ha distinguido de forma sobrancera desde que los haitianos nos dejaron la institución del “calié”. Tal vez desde antes. Nada más así se puede entender la impunidad, la ausencia de sanción y de perseguimiento a quienes trafican con esa vergüenza social que constituye el espionaje vulgar que aquí se practica con una ligereza casi deportiva.

En estos días ha resurgido uno de esos esporádicos gritos de histeria denunciando el fisgoneo privado y de la institución oficial encargada de esas labores de “investigación”. Parece que la actividad se ha desbordado o se quiere hacer resaltar ahora, debido a la proximidad de las elecciones.

Pronto se asordinarán las quejas hasta desaparecer y el espionaje, la grabación y arreglos de cintas magnetofónicas seguirá tan diligente como lo ha sido hasta ahora. Y así seguirá quien sabe hasta cuándo, pues los tres partidos de los que saldrá el próximo presidente de la República, han estado comprometidos con esa bajeza pues en sus respectivos ejercicios gubernativos el caliesaje electrónico se ha formado, crecido y desarrollado sin que en ninguno de esos períodos gubernativos se haya mostrado alguna acción oficial para erradicar esa actividad. Por el contrario, la han prohijado para su propio provecho.

11 de noviembre, 1999