miércoles, 19 de enero de 2011

TRUJILLO Y EL CONCORDATO

El Concordato suscrito entre el Estado dominicano y la Iglesia Católica, en l954, ha surgido a la opinión pública luego de un largo silencio, desde el mes de abril de l96l, cuando fue la última vez que es trató públicamente acerca de este tema.

El asunto surgió originalmente al debate luego de una charla que pronunció Manuel Arturo Peña Batlle, el l de junio de l95l y tal disertación motivó que El Caribe invitara treinta y tres personalidades, entre juristas, historiadores y periodistas, para que expusieran en las páginas de este periódico sus puntos de vista sobre la conveniencia o no, de que el país se vinculara a la Santa Sede por vía de un Concordato.

Entre el 13 de junio y el 12 de julio, diez de las personalidades invitadas a emitir su opinión habían correspondido a la encuesta y ocho de ellas fueron claramente opuestas a la idea de concertar un Concordato. Tan abrumadora respuesta de casi la tercera parte del total de los encuestados debió ser bastante representativa del resultado final que arrojaría dicha encuesta, en perjuicio del interés del gobernante, lo que pudo haber sido el motivo para que se suspendiese la publicación de las respuestas a dicha encuesta en la prestigiosa intelectualidad de aquellos tiempos.

A partir de la última respuesta publicada por el periódico, que correspondió al jurista Federico Carlos Alvarez, claramente opuesta, como las otras, no volvió a tratarse más el asunto en la opinión pública, sino hasta el año l954, cuando el Concordato fue suscrito en El Vaticano, hacia donde se trasladó el generalísimo desde España, donde se encontraba. Unas pocas horas permaneció en la sede del Papa, lo suficiente para cumplir con el ceremonial de la firma del célebre acuerdo.

Seis años después, en l960, cuando el distanciamiento del alto clero y el gobierno se deterioró hasta llegar a un punto sin ninguna posibilidad de reconciliación, aquellas autorizadas opiniones que habían expresado los profesionales en su oportunidad, en cuanto a la conveniencia de comprometer al Estado dominicano en la firma de un Concordato con la Iglesia Católica, fueron reproducidas por el mismo diario El Caribe.

El entonces presbítero Zenón Castillo de Aza, fino y culto hombre de la Iglesia, a quien le cupo el hito de haber sido el primer sacerdote claretiano de la República Dominicana, en un párrafo de su documentada obra: “Trujillo y otros benefactores de la Iglesia”, hizo interpretación histórica muy válida, cuando dijo en la página 238 de dicho libro: “El Concordato de la República Dominicana con la Santa Sede es obra exclusiva de Trujillo. A pesar de la catolicidad del pueblo dominicano la opinión de sus intelectuales, externada en juicio que la prensa vernácula recogiera fue contraria (…) Pero Trujillo (…) consideró oportuna la celebración de un pacto de esta naturaleza y quiso ser él personalmente signatario responsable de este relevante documento”.


26 de julio del año 2006